Me quedo.


El punto fijo en el que me quedo
eres tú, mirándome palabras que no existen
de tan puras, hablándonos verdades de boca cerrada
y ojos abiertos, al alma encontrando el por qué, se sentían solas, se sentía
sola. Ahora juntas, entera, una.

Y lo demás no importa, como arrancado
de mí es verte marchar, un jirón que se rompe, que desgarra y muerde
y odia al mundo mientras te alejas.

El siempre en el alma. Tú también lo sabes, no importa
lo demás, viene y va.


Anidar.


Tu anidar en mí
pájaro sin lugar, sin pausa
vuelo absorto.

Busca la ruta en el aire
traza rectas entre las curvas, caminos
donde otros ven piedras, donde otros no alzan la mirada
y no ven más allá.

Te atusaré las plumas, limpias y largas
cada mañana, antes de volar.



Una sombra.


Eres una sombra que huye del Sol.
Que no quiere esa luz que se le ofrece
que reniega y maldice y se cree más lista por más años.
Más oscura según pasan, al final negro sobre negro.

Se afila las garras contigo, la culpa
que no remedias sigue creciendo, das de comer a su boca
sin fondo, en cada mala respuesta que sólo habla por ti.

Se afila las garras contigo la sombra, te las afilas
ahí solo en ese rincón, planeas cómo volver a huir.
Cobardía que se viste, harapo negro.
Luto por la vida
que no sabes
o no quieres, vivir.

Se te ha tragado, el alma
la chispa lúcida
ya sólo, es cruel.


Asfalto y roto.


Cae la lluvia
y las gotas rompen los charcos, mi reflejo mojado en el asfalto, roto.
Demasiados días de tormenta y un barco sin tripulación que salvar de verse hundido.
El viento se llevó mi capucha, frío y el pelo calado.
Nada me detuvo.
Sólo me detengo a mi misma, cuando me faltan fuerzas para seguir el viaje.
Cuando sé que no podré sujetar el timón de esta nave vieja que conoce los siete mares
que cruje madera y clavos y navega con bandera negra.
Cuando sé que no puedo luchar contra el gigante que devora su fondo y lo socava
y el agua entra, invade y ahoga.
Es cuando paro al calor, para secarme.
Aunque siempre vuelva a llover y me vea rota en el reflejo. Aunque sepa
que el gigante acecha al fondo de mi nave. Aún sabiendo
que en cualquier tormenta se puede hundir.
Una vez seca
puedo conseguir, que no lo haga.


Caminos que se mueven.


Tenemos laberintos, caminos que se mueven
que parecen borrarse en un instante.
Rincones a donde no llega la luz.
Sombras que nos persiguen que nadie más ve, porque son pasado, duda y herida.
De lo que dimos y nos dieron.

Tenemos laberintos donde perdernos solos, donde perdernos juntos.
Tómame de la mano y llévame contigo, enséñame el tuyo, quizá sea el mismo
y el mío empiece al otro extremo.

Para encontrarme cierro los ojos apago la luz, silencio a las dudas que susurran miedo
y camino
porque me pareció
oírte silbar.



Luego empapa


Como agua que primero gotas y luego empapa
que cala la piel debajo de la ropa, y mojada
te deja, me noto
al dar cada paso. Resbalar
por mi cuello, por mis muñecas desnudas.
Mi cuerpo exhala calor. Contraste
con el aire que corre húmedo.
La misma lluvia nos inunda los ojos, las ganas, los labios.
Escuchar afuera cuando todo es dentro.


PiEDRA


Tallo mi roca, le doy forma y saco el brillo.
Mi fortaleza en las horas que no duermo
en las que retiro el polvo de mis rasgos
piedra que respira y corta el silencio.

La luz en una grieta va menguando
cuanto más al fondo. Más adentro.
Nadie sabe lo que sucede
si hablas, y eres eco. O no hay respuesta.

Mi roca brilla, de ese fondo salió
la limpio cuando se ve opaca.


Lodo


Hoy mi mirada es suelo aunque mire arriba.
Es mojado y charco en el mismo sitio, mil veces pisado.
Aquel que nadie arregla, ahogado
en el agua gris, que triste y lodo tiene el fondo.

Días que no pasan, que transcurren
en lugares sin tiempo, sin hora, sin ver final
que no sea más blanco, más estéril. Inservible, perdido. Saco roto.

Mis ojos han visto demasiadas veces cómo los tuyos perdían la vida
suicidas, sin verme. Los míos no son tuyos
si sólo te miras, no me verás.

En los míos ya
no dejo entrar a la muerte.


Con siete vidas


Sólo nosotros sabemos cómo es el monstruo
que oscuro, espera en la sombra
a veces sueño y otras cadenas con bola, pijama a rayas que no deja dormir.
Reos del miedo, del fracaso, de la pérdida.
De que lo repetido se repita. Del dolor.

Observamos al monstruo, lo vemos llegar
de lejos, pero no huimos. En esa oscuridad no sólo vive él
nos gusta pasear en el ella, curiosos con siete vidas.

No hay perro que ladre si estamos juntos.
Ya aprendí a callar y gruñir.
A distinguir la maldad del que es malo, de la crueldad pegada de la mala vida.


Dos suspiros.


El café calienta mis manos mañanas de invierno en primavera.
Tú me miras, me escuchas contarte
cada momento que sucede en la espera que falta,  entre nuestro tacto.

Mis ojos dos suspiros que parpadean lejos
mis pestañas casi rozan las tuyas.
Conozco las manchas de tu iris, veo moverse tus pupilas, nos veo a los dos
recorriéndonos la piel, las marcas de la vida mellada en la cara.
Como si fuera otra, vida pasada, que no es esta nuestra.

Sólo quiero vivírte, vivírme contigo.
Despertar sabiendo que estás ahí, mi respiración, aire para ti.
Mis palabras, mis silencios, sabes que te pertenecen. Que te piensan siempre
antes de ser. Que cuando son, son nuestros.


Cosernos.


Como el filo de papel que corta
es la lágrima que baja por mi cara. Cicatriz húmeda
del día gris que ayer fue negro.

Cicatriz mi corazón arrancado del tuyo.
Tus hilos de besos guardo, para cosernos, Amor
cuando vuelvas. El uno al otro.

La lágrima es una, tuerta, que cae.
Mi otro ojo ve por ti. Te mira, atento, para no perderse nada.
El que te falta, no lo busques
lo tengo yo.



Sogas


Hay manchas oscuras que ya no salen
palabras sin olvido que sangran la sangre, que tiñen de rojo los ratos
los recuerdos buenos.
No te puedo perdonar.
No has cogido ninguna de las cuerdas que te lancé al pozo.
Ya no quedan árboles donde atar el otro extremo.
Y la última me la he anudado a mí.

Los pasos nos cuestan a todos.
Y tú llevas años caminando círculos, uno tras otro y cada vez más pequeños.
Tiraré. Hasta que se rompa la soga.
Pero yo, no me voy a romper.
No voy a partirme para darte lo que no valoras, enfrentarme a lo inmutable.
Ni mis ganas, que son mías, para que las tires, al suelo.
No, mírame, yo sí quiero ser feliz.


Lo adverso


Ante lo adverso.
No permites soledades lúgubres. Mi caída, cuando dejo de ser fuerte.
Tu voz y tus manos, sustento, cuando ya no hay aire
que respirar y el bucle vuelve.

Pero salgo, me has sacado. He creado una puerta de la que tengo llave.
La llevo al cuello
para entrar a deshacer los nudos y salir, si el monstruo llega.


OíRte


Me pareció oírte silbar, hacia dentro y te encontré callado, me encontré callada
silencio denso que envuelve y abraza, que no está solo ni sola,
que es tacto aún lejos y ojos compartidos.
Me pareció oírte silbar, dentro, y me escuché a mi misma.
Hablar, en el mismo tono. Y las palabras yéndose, por la boca
porque sobran, en cada beso, se cuelan entre las pestañas, cuando te miro
cerca, y tú me ves tormenta sin luz a oscuras.
Y tú me ves
sin tenerme delante, a tu lado, en tus brazos porque ahí me quedé, me quedé,
te quedaste conmigo. En tus ojos vivo, viva
como nunca antes.



Del día raro.


Después de todo
del día, raro y oscuro, como la noche
en la que te duermes y despiertas, a deshora, sin saber dónde.
Sin saber qué
puede pasar.

Abstraigo lo que queda de ti
en tu mirada, perdida, ausente.
Te miro, para que me mires
y en tus ojos niebla
en la que no te encuentro.
Y tú no encuentras, más
que nada.

Los huesos marcados en la cara.
Y el habla
sometido
tarda en llegar repuesta a tu boca.

No eras tú. El de hoy no eras tú.
Tú te habías ido. Y aquel
no era más que tu sombra.


Nido propio


No puedo dejar que quemes tus alas
como si fueran leña. Para calentarnos.
Prefiero el frío
que en tus brazos no existe.

No puedo verte, lejos, con los ojos húmedos
mis ojos húmedos, los tuyos
hablando cómplices del mismo idioma
de uno nuestro que nadie más entiende.

Dicen nos vamos. Y donde sea.
Donde podamos ser, tú y yo quienes somos.
Donde arda leña, nido propio y podamos volar.


El suelo tú y yo.


Te llevo escrito en la piel
como un mapa
de memoria, como las estrellas
que siempre estuvieron ahí
como las que divisan el camino.

Guardo la tormenta, los rayos que vimos a lo lejos
los truenos que llegaban tarde.
Nos guardo a ti y a mí en el tejado, entre las nubes.
El sonido de la lluvia cayendo desde dentro
y sin luz, nos vimos igual. Nos vemos
igual cada mañana, tus ojos mi despertar.

El suelo tú y yo.
Una hoguera y nuestras manos
llenas, en el tacto del otro, desnudas.
Crepitar son nuestros besos, calor
tus caricias mi hogar.


Hoy.


Hoy hace siete días
un trozo de mí
se marchó de aquí en tus ojos.
Hoy hace siete días.
Me encontraste, Amor.
Después de sombras
de manos cerradas y puertas de golpe.
Llegaste. Y ni te imaginaba.

Me pierdo en ti, en el lenguaje
de tu mirada, de tus dedos
donde las palabras no llegan
a vernos despertar
al mismo tiempo.

Siete días y sólo quiero, volver a ti.


Besos mudos.


Besos mudos que hablan te quieros, que saben, que entienden y acuden.
Puedo verte la cara, los gestos, la mirada y el alma. Dentro te llevo
marcado en la frente, como tu tacto, donde yo esté.

Reflejarse es verse. Verte, verme.


Como quedó sigue todo.
Ámbar, es la luz con la que te miro.
Con la que nos vemos.
Tú, mi reflejo.





...Presentir...


Como gatos que saben dónde pisar.
Nuestro suelo es cualquier lugar.



Ser y contigo.


Digo nuestra boca
que dice lo mismo.
Que no son palabras
si no aliento y besos.
Digo nuestra boca
porque es Amor y es una
que habla por el otro.
Digo Amor, y las cosas que te digo
y las que me dices...
Digo, que nadie sabe lo que nos decimos
cuando nos miramos el silencio, el desnudo, en los ojos.
Vulnerables, sinceros.
Digo nadie, pero nosotros sí.
Nosotros sí.
Sí, digo sí desde que sé que existes
-si me concentro, puedo verte puedo olerte, la piel- sentirte.

Todavía me pregunto
me sorprende el momento que descubro
ese algo en ti -como girasoles, margaritas-.
-Charcos de agua negra en lo que quedó después-.
Mi reflejo.
La vida es sencilla. No es poco o mucho
si no con quien.
                            Ser -y contigo, sé que puedo-.



Calcos en el núcleo.


"Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan"
-A. Pizarnik.


Alguien quería entrar y no sabía quien eras.
Sombras que sugerían
saber caminar entre ellas.
Un Amor vivo y uno muerto.
En tus ojos, la niña que fui.
En tus manos inquietas mi alegría.

Despertaré y estarás
real como un beso
como reencontrarme en ti
como una certeza.
Hilos en tu abrazo
sutura en el alma.

No hay triste aquí
no hay tristes.
Ni silencio oscuro ni duda.

Sólo vida en nuestra boca.




Mis orejas.


Dime lo que necesitas
lo que esté en mis manos
te lo daré.
Dime qué quieres saber
de esta yo.
De mis piedras, de mi alegría
de los años.
Te lo contaré todo.
Toma este amor mío
que tan mal quisieron
porque te lo quiero dar.
Dulce, como si te diera
esa luz que sacas de mí.
Cuéntame lo que quieras
cuéntamelo todo.
Mis orejas son las tuyas
y mi corazón te quiere oír.


Hondo.


La noche hoy no va a dormir.
Insomne de vueltas que se pierden sin encuentro
que respiran hondo y aprietan los párpados.

La noche no va a dormir
se le fueron los ojos para cerrarlos, mojados
flotan en el agua.

No dormirá
cama de roca, de suelo, intemperie.
Espacio vacío.

Se hará un ovillo, gata ciega
esta noche afónica de maullidos sordos.
De ecos repetidos que no escapan los muros.
Palabras que no llegan a tocarte
que no son besos y no acarician.

No va a dormir la noche
despierta sigue, hecha un ovillo.

Sanguina #3.


Mi aire.


Siempre entrego demasiado
porque no me guardo nada para mí.
Amor es darse, es pensar en el otro
antes incluso que en ti.
No es obligación sino regalar.
Tiempo compartido que al final
es vida. Que también termina
y es muerte.
Te puedo dar la verdad que aún
no me han quitado de la boca
las lágrimas de anoche
dobladas en la sábana.
Te puedo dar los besos que ahora
sólo te miran, ojos que esperan.
La valentía que resiste
cuando la cera se derrite y caes.
Mi aire, si tú no tienes
mi luz cuando la tengo y la sombra
que me recoso si escapa.
Te puedo dar todo lo que te he pensado
cuando me mires y me veas por dentro.
Todo lo que se me olvida aunque no quiera.
Puedo darte caos, que de eso me sobra.
O calma, si la encuentro contigo.
Un orden que no hayas visto
cambiante...

Me puedo dar toda
y darte lo que tú me des.


Y sus manos.


Mi hogar se murió hace décadas.
Me dejó las ganas de llegar lejos
y sus manos.

Mi hogar se llamaba Angustias
y si las tenía las llevaba por dentro.
Nunca dejó de quererme
ni a mí ni a nadie, fue amor siempre
y manos llenas.
La gente venía a verla, a pasar la tarde
en su compañía.
La querían, no sé si tanto como yo a ella
no sé si tanto como ella a los demás.

Mi hogar se llamaba Angustias
la llamaban Guti y era mi abuela.

Me enseñó a compartir hasta lo que no se tiene.
A ponerme en el lugar del otro.
A saber cuando algo no merece la pena.
Y a no dejar que nadie me haga sentir
como no soy.
Me enseñó, sin darme cuenta.

Mi hogar, era ella
y me dibujaba flores para que las pintara.
Como las que su marido le subía del patio
cada mañana.

Me enseñó casi todo lo que ahora sé que es cierto.
Y lo más importante
lo que es el amor y lo que significa.




En un hilo.


Vivo en un hilo que recorre siempre
los mismos huecos.
Que lo más lejos circunvala.

Descoserme de esta nada.
Irme donde no tenga que ser nadie.
Donde mi vida sea mía también para lo bueno.
Este ahora está vacío y este aquí ha muerto.

Ya podemos decir todos lo bueno que fue.
Plañir luto.
Cómo fue.
Venía de atrás, nada nuevo.
Síntomas de abandono
cada día más anciano
más arcaico, más aislado y hueco.
Nunca quise volver.
Nunca para quedarme, para agonizar este aquí.

Fuera soy otra
yo.



Es afuera.


Hoy no hay dentro, todo es afuera
techo a la intemperie gris.
El único dentro es en mí.
Y tampoco es que sea muy acogedor
es más un tedio que ya conozco
una antártida helada en la que nada sucede salvo las horas.
Nubes de plomo que soplan lluvias frías desdén.
Hoy no hay dentro, hueco helado blanco sin iglú construido.
Sin base propia, vestigios y ruinas de lo que hubo un tiempo atrás
recuerdos de alguien que ya no sé si era yo.
Si hice mío lo que nunca fue.
No importa, éste es mi único refugio ahora.
Nadie sabe dónde estoy.
Nadie sabe que en el camino a casa, no encontré el camino.
Me he quedado aquí, lo demás es afuera.


Sobre la superficie.


Esta luna no será la que esperas.
Ésta hay noches que no brilla y días que no sale.
Mañanas que se acuesta sin haber dormido
sin saber quién es, olvidada de sí misma
ni para qué sirve.
A mediodía despierta tormentas y huracanes
rota, de golpes sobre la superficie
de huellas pasadas que en los cráteres
dejaron vacío.
Dueña de mares que no le pertenecen
que ni siquiera puede tocar.
Lejos gira
aunque no la veas.



Charco y humo.


Como lluvia que no se ve
que escuchas sólo cuando estalla
cuando pierde su forma
cuando ya no es gota y ya es agua.

Humedad fría que cala la ropa y la piel
que empapa tristeza de tarde vacía.
De noche muerta
que mañana no querrá despertar. No querrá.
Ni ser, dormida.
Callada mi boca y mudos los ojos
se miran las pestañas, nada
va a salir de ellos hoy suelo y gris.
Amor que agoniza claustrofobia en el pecho
que no respira. Humo y charco.
Tiempo sin medida sin estación ni parada.
Que pasa y ya.
Mañana no existe, será otro hoy.

Llega la noche.
Luz amarilla a falta de hoguera
a falta de calor
y de un sitio donde arder.




El sentido.


El sentido a estas horas ya se durmió.
Sólo quedan perros ladrando y grillos.
Una cama que no me dice ven.
Que no me quiere.
Noche sola. Alguien gritando algo
que no se entiende.
Más silencio, aburrido de sitio
de círculo cerrado
de cárcel de lo mismo.
Ponlo en repeat
bucle que libera del bucle.
Tráeme una cuerda, para atarme de lo alto
de una nube y escapar.
Dame las señas
de dónde quieres vernos.
Dime que vendrás a buscarme.
Que me encontrarás aunque sea noche.
Que sabrás distinguir las sombras, de mí.


Con los ojos cerrados.


Huele a verano la noche
a calle y aire libre que sopla brisa fresca
y busca refugio bajo tu brazo
calor y un sitio tranquilo.
Tu nariz rozando mi cuello
como un gato, con los ojos cerrados.
Con esos que me miran y me derriten
los inviernos y me quiebran
la respiración.
Tus manos, como las mías palpan
casi a tientas
lo que nos queda por saber del otro.
Como un temblor me invades
cristal haces mi piel.
Aprieta, un poco más, me da igual
romperme
me da igual que hagas trizas de mí
rómpete conmigo, déjame entrar
en ese lugar triste en el que a veces
te pierdes.
Déjame tocarte suave
enseñarte que juntos no hay prisa
déjame morderte la nuca
y muérdeme
si te chillo y luego bésame
agárrame
para que no me vaya.


Otras eco.


Es triste cómo se van apagando los latidos.
Cómo el tiempo pasa y sigues sin ver.
Yo, doble o nada, fuego o hielo
más noche que día y cada día más cerrada.
Nada al final de mi voz. Silencio
que escucha a veces y otras eco.
Otras vacío, que se esconde. Lejos
que se pierde y no llega y no sabe volver.
Lo que se dice no es nadie
alguien es haciendo.
Dímelo hilando y cóseme
esas miradas que no mienten
háblame voz tierna al oído
oye mi silencio, mi respiración
mi sonrisa pícara. Cómo y no el qué.


Limbos tantas veces.


Me cuesta creer
palabras que se quedan en limbos.
Promesas que no se cumplen.
Realidades de uno sólo, de lo que pensaste cierto.
Tantas veces que se fueron y lo que quedó
fue roto y decepción.
Fue ilusa, inocente, fue crece.
Hazte fuerte. Que nadie te lo quite.
Llena de lo que me dices, corazón
que se entrega a muerte
otra vez, a morir.
Late si me escribes, fuerte si te oigo y es tuyo
cuando te veo.

Mi tiempo te piensa, triste de espera
perdiendo el sentido.



Sin saliva.


No estoy. Lejos de mí, te busco en las horas.
Casi ya dos lunas de aquí y de ahora
y se me cierran los ojos de no verte, las manos y la boca.
Giro con intervalos, a veces tan estática
que nada me mueve, que nada puedo mover, ni siquiera dentro.
Corrosión en la cara
cada vez que vuelve el frío, que el Sol muere y no calienta
dureza y pérdida, retroceso del ser.
Agonía en los pulmones
tristeza marchita que expira dolor de no saberte. De no sabernos juntos.
Vida en espera,como las ganas
que se me parten en no poder dejar de pensar en ti. Si me sientes
sin haberme tenido, sin estar, sin saliva ni un roce
si lo que no se lee te gustará, si querrás quererme
cuando no sea luz, cuando me lleven sombras y tedios
cuando lo que veo es oscuro y ruina y sea triste. Si me besarás.
Tierno, si me curarás de todo lo que no quiera ver, en tu mirada.


Un nuevo número de La Fanzine.


Hace nueve años que esta publicación independiente, La Fanzine de grapa y fotocopia, de amor a la cultura y por amor al arte, vio impresas sus primeras páginas. Fue en el hall de la facultad de Filosofía de Valladolid, desde la fotocopiadora para los alumnos que funcionaba con una tarjeta que ibas recargando.

Sentadas en el suelo, como okupas vagabundas, Awi y yo colocábamos las copias. Para grapar la primera Fanzine " La Sociedad" con unas 90 colaboraciones, creo recordar, tuvimos que hacerlo sobre una goma de borrar, cerrar las grapas a mano y meterle tres. En las copisterías no sabían hacer las copias y aquello era una odisea, hasta que encontramos a Celeste que fue nuestra salvación y que invadíamos constantemente, yo creo que nos veía llegar y la pobre mujer ya sabía que iba para largo, me río sola pensando en esos momentos. 

Desde aquel primer número han pasado once más y mucho tiempo que recuerdo como ayer. Hace unos días Awi vino a visitarme y como en los viejos tiempos, maquetamos, despotricamos, reímos y disfrutamos creando. Tenemos una conexión que se ve reflejada en lo que hacemos en cojunto, y eso es lo que se aprecia al ver nuestros números, todos son diferentes, pero todos son La Fanzine.

Nuestros colaboradores también nos mandan sus creaciones por amor al arte, sin ellos no hubiéramos llegado al #12. Hemos podido publicar un trocito de su vida, de lo que sueñan, temen o piensan, de lo que han querido compartir con nosotras, los demás autores y con todos los que por sus manos haya pasado alguno de nuestros ejemplares. Este número de La Fanzine que trata sobre el Cine, para mí ha sido muy especial, ha significado un retorno y una transición, un momento que guardaré junto a otros muchos en el cajón de los repuestos de valor.

Buff que me enrollo, aquí os dejo el enlace donde podéis ver: https://lafanzine.blogspot.com.es/2018/04/la-fanzine-12-cine-ya-disponible.html

Descargar, imprimir, fotocopiar y difundirla:  https://drive.google.com/file/d/17wV2iK1r1ny2Mil6CGB5X_8WGqFtylBJ/view

Amor siempre, que es lo que falta en este mundo de mierda!!!


Antes de romperse.


Me sabrá a invierno
este verano sin tu tacto.
Me sabrá a desear no estar aquí
a querer correr y darte lo que me van dejando los años.
Lo puro que queda de mí antes de romperse.
Antes de ser muro tras muro y matarme tierna en ojos fríos, en sangre rígida
que no duele y tampoco siente.
Máscaras de acero para el alma cuando el mundo es plomo y yo trizas.

Te noto en mis labios, pálpito
de lo que quiero que seas mañana, de besos que ya no caben.



Piedras contra la nada.


Soy la desesperanza de esperar más.
Una idea idealizada. Lo que no ves.
Tristeza que apuñala el estómago y gira el filo
que desangra amor echado en falta.
Tiempo vuelto a pensar en cambios de pieles
que no se cambian por mí.

Ausencia entre dientes digerida sin hambre
que devora lo que un día soñé.
En mí pozo oscuro fondo profundo y húmedo
olvidado de ser lo que era.
Agua sucia, fango quieto, poso.

Silencio sin ganas de hablar en ojos
que se ahogan piedras contra la nada.




La cara oculta.


Sigo girando sola, Luna oscura
escondiendo de mí misma la cara oculta sombra y frío inhabitable.
Tristeza de lo errante que una vez perdió su órbita.
Polvo inerte, muerto de tiempo y abandono, de aire viciado que agoniza la noche.
Hueco entre la roca que cae al fondo abismo ciego y sordo al final que nadie escucha.

Aridez gris y apática, olvidada de espacio que no entiende qué hace aquí
ni si allí es ayer o mañana, silencio sin dónde hacia no es ningún lugar.
Ajada de vueltas y años, curvas imperfectas, salidas a la superficie y cuevas
que se vuelven a excavar escondites para cuando duele el alma
para cuando agotada vida sólo me queda la cara oculta.


Entera.


Se ha quedado vacío este suelo polvoriento
esta cueva que excavé en la roca gris
se fueron las visitas que vienen y van
y se marcharon con el tiempo.

Ahora es un siempre esperando a ser.
Ahora es noche continua
azul prusia oscura de estrellas que no se dejan ver
que se ocultaron tras las nubes de esta Luna
que lleva meses siendo lluvia.

No se oye nada, nadie alrededor
sólo aire cargado de electricidad
de rayos que no se ven y encrespan mi pelo.
He hecho fuego
de cartas viejas que alguien había abandonado
de billetes que aquí no sirven para comprar calor.
Me he tejido una manta
con el ovillo de letras puras que me mandaste
y con ella me tapo y abrigo.

No sé cuándo acabará este invierno
cuándo el Sol
derretirá la nieve que enfría el viento que respiro.
Sólo sé que ha de llegar
y que entera, lo espero.





Que seamos


Mi mente te piensa y disfruta
imaginando
una vida junto a ti.
Mi mente que odia rutina
contigo la ve acogedora.

Tan fácil, con una palabra
un guiño justo en el momento
me sacas del tedio que me invade.
Me levantas la mirada hacia adelante
fuera de caminos oscuros
y callejones cerrados en bucles infinitos.
Me metes en los bolsillos luciérnagas
que alumbran mi noche y me llevan a ti.
Quiero despertarme y ver tus ojos
y un beso tuyo antes de dormir.
Quiero que seamos
tú y yo.

Que no nos detenga nada ni nadie
mundo de envidia y miedo.
Que este viaje es nuestro
tu vida es tuya y la mía de nadie más.
Que quiero encontrarme en tu tacto
haciendo café por la mañana, despeinados.
Y que tu sonrisa me lleve de paseo por el tiempo.
Tenernos
en frente con calma y caricias.

Eres un regalo.




Desde dentro.


Las cosas que me dices, dulces
las paladeo ricas
como azúcar que se queda en los labios.
Como tener los tuyos para mí.

Desde dentro, eso que me dices al mirarme
me abriría el alma
para que anidaras en ella, pájaro libre.
Mi andar de gata entiende de tu volar
de tus alas que se extienden y elevan hacia lo que quieren.
Yo también salgo a cazar, en esta selva ya no me apresa nadie.
Por eso sé que seré tuya.

Que son tus manos las que quiero
que me agarren la vida
que me toquen amor y música la piel
que me saquen las cosquillas y las sonrisas
que quiero ver siempre en tu cara
que me acaricien y me curen de rabia de mundo
que me sujeten cuando yo no pueda más.

Que son mis manos iguales para ti
que son mis manos como las tuyas.



Me quedan las manos.


Mi cara
de ojeras marcadas de noche sin sueño
cama sola que no me espera, ni acoge
lecho de nieve, fragmento de frío desprendido
trozo vagando a la deriva sobre el que me tumbo y miro arriba
techo blanco.
Azul agua ven mis ganas con los ojos cerrados
alrededor no hay nada
sólo yo navego, aire que me mece sin vela.

Naufragio de la noche
piedras en los bolsillos acumuladas en el día que pesan fondo.
Que quiebran hielo en el pecho y lo hacen añicos de cristal.

Me quedan las manos intactas
puras de amor que son tuyas para llevarlas juntas
a donde puedan tocarse, a donde quieran llevarnos.


Aún sin luz.


Suena lluvia cayendo y silencio en esta noche profunda que despertará pronto
quizá sin haber dormido.
Escucho y evado como las gotas que no tienen que ser más que el agua
que se marcha y desemboca.
Pájaros callados se resguardan por no mojar sus plumas
por no aguantar el peso y el frío del viento después.
Madrugada de norte y mañanas de vaho que atieren la respiración, los pasos y las ganas.
Seré café que soporta el día perdida en horas sin sentido.
Juicios y prejuicios de lo que ni saben ni realmente quieren saber.
Protocolo de rutina y tedio, que nada cura pregunta mi historia y responde trámites.

Esta noche Luna rota que sangra yagas y cráteres de tiempo gira lenta aquí adentro
sabe que la lluvia de mañana es la misma que ayer no cesó.
Pies mojados en círculos que no llegan a secar y en el estómago gatos que pelean
me han despertado aún siendo noche.
Gris plomo cubre opaco el hoy de buenos días extraños que en el fondo no desean
que en el fondo son costumbre y quedar bien.

La mejor alarma sería un beso tuyo, dentro de las mantas aún sin destapar, aún sin luz
sin invierno, sólo tú y yo en este mundo dormido, que atrapa sueños en la monotonía
jaulas en el que hacer y ganar, en el tener que al final no es nada.
Vida que acaban quitándonos a lo que importa.




Como calor.


En la comisura de mis labios tengo suspiros que escapan mudos y me gritan tu nombre.
Como un secreto, como calor, entre mi pecho y yo, guardo cómo me miras.
Azul hoy reflejo de ese océano en el que nadan mis ganas por ti.
Sol frío afuera de invierno largo, que enfría las noches y por el día es viento.
Saldré abrigada, metida dentro de mí donde no alcance el aire a marchitar mis pupilas.


Purple.


Ha caído.


Ha caído la noche aquí dentro, luz suave que apenas alumbra.
Ha caído y gotas cálidas, sin hambre, llenas de primaveras que aún no han sido.
Llenas de mí, de los besos que quiero darte como si te diera mi vida
en cada uno, de pieles juntas y su tacto roce entregado libre, de tus manos y las mías
sujetas cómplices de un mismo amanecer de ojos que se miran y se mezclan al fondo.


Sea nada.


La esperanza perdida la encontré sin buscarte.
Cuando ya pensaba quedarme por los tejados, suelo mojado que no conoce a nadie, ni quiere.
Pero te vi en palabras que me hablaban y sabían cómo sin haberlo hecho.
Abriste brecha en la piedra, grieta donde quedaba sólo hielo
desierto invierno eterno que como el Sol fundes y llenas.

Ahora pienso en mudarme dentro de ti para que sea nada, lo que pueda separarnos.




Segundos comparados con una vida.


La tristeza es la distancia de no llegar a tenerte conmigo.
De que mundo feo ponga abismos de papel y piedras. Tiempo que no nos dan.
La tristeza son dudas cuando te siento dudar y pienso en perderte
cuando aún no te he tenido, y ya es perderte.
Corazón que late y vuelca tan rápido que no lo puedo parar. Y es por eso miedo
que venzan dudas en ti, que puedan más que yo.


El espacio.


Mi mundo mengua Luna aislada
agua que fluye río por el suelo gris.
Anega sueños de momentos sin tiempo ni palabras
sólo calor, sólo miradas de silencio mientras las pieles hablan.
Mientras el tacto dice todo lo que no habíamos dicho.
El espacio que separa es nada más físico.

Y todo lo que importa tiende a no serlo.


La que era.


Mis piernas son pilares
que se restauran a sí mismos, con cuidado, paso a paso y uno más
hasta casi romperse en dolor.
Hasta poder correr, cuando el tiempo me apura vida
hasta poder bailar, con la pena y derrotarla.
Hasta volver a ser, la que era.


Tela mojada.


Me duelen los gestos hoy
como gotas frías laceran la frágil piel que me envuelve y calan dentro.
Tela mojada y viento, que sin calor no seca.
Invierno que no se marcha anudado en el pecho como pájaros sin alas, atrapados dentro.

Mi alma migra, ya no está aquí, se fue anoche, no se quiso despedir
y tampoco la retuve.

Sé donde ha ido.


El resto de mí.


Tu risa es mi rendición, juega como la de un niño, libre y sincera.
Me devuelve vida y años y olvida lo que te iba a decir.
Me alegra dudas, las reduce mansas, en un rincón y el resto de mí respira futuro.
Corazón descreído que huye del agua, fondo de gata... acaricias palabras remotas y mi piel
se convence, ojos que piensan y me miran preguntan cómo.

Y yo... sólo sé responderles porqués.



Constancia.


Me vacío en letras antes de dormir
para que no quede nada, nada que echar de menos, nada que sentir.
Quedarme sólo con tu voz, recuerdo arrullo cuando lejos, no te noto.
Ausencia que torna en duda y que es miedo, al haber entregado la piel de la mirada desnuda
entrañas y palabras que prometen.
Impaciente me doblega el tiempo y cuando me miras y me calas lo que pienso.
Y ese gesto de tus ojos que dice algo que es verdad y es triste y no logro alcalzar
segundos de un lugar en ti.


Tiempo lento.


En la noche de esta habitación con vistas a la mitad de una estrella
sólo brilla la Luna, luz tenue cálida envuelta en jazz
recóndita cueva en mi misma que a veces cierro por dentro.
Clandestina contraseña, antro de melancolía del que nadie oyó hablar.
Mi búsqueda siempre es hacia dentro, después manos llenas que regalo, amor.
Llenas de lo que aprenden las noches solas las que se hacen día y guardan cama a la mañana enferma al despertar oquedad.
En los ojos yago los inviernos que tardé en decir te quiero, humo y lluvia que nunca cesa.
Mi boca calor y verano, brisa fresca y tiempo lento, extraña de ti, piensa tus besos.


Olor a tristeza.



Descompensada.


Me dice tu boca que tus ojos me quieren ver
pero luego ciegos no ven, no me ven.
Ni te veo hace días, noches.
Todo tiene la importancia que le damos
y mis manos no pueden dar más
de lo que se les niega.

Descompensada mente errante
de mirada perdida sin regazo.

Hoy la lluvia dormirá conmigo, fría
mojada me despertará
inundada por dentro de olor a tristeza
corazón que muere amor
sin tenerte.


Las ganas.


Me aplastan las ganas el alma porque ya no caben dentro
escapan cada vez que respiro, cada vez que pienso en no poder
verte, ojos privados de encuentro, cerrados, oídos que no escuchan lo que dice el silencio
cuando no respondo palabras, cuando miradas hablan y me saldría un beso y vida para pasarla juntos de la boca, de la mano.
Horas tuya presa de la idea de ti, de infinitos finales que aletargan
en los segundos que me quedan libres esperando que lo posible sea.


Hebra de insomnio.


Mis noches rotas las coso yo, hebra de insomnio que enmudece ruido ajeno.
Deshilachados de tiempo, hay minutos que no me los creo. Órden
cuando yo soy caos cuando tedio es rutina y mis mañanas tardes.
Parpadeo despacio pienso y asimilo. Dentro de unas horas
me despertaré sin marcas, Luna que ya no mengua.


Nudos sueltos.


Nudos sueltos me atan a ti
cuerdas sin extremos sin principio ni final, suaves sin roce como tu boca.
Sogas son miedo, a lo que no atreverse, más frías que el tacto de las manos al cuello.
Asfixia de ojos brillantes y labios repletos
de cosas que contarte al oído.


Lo que queda.


Mi piel no entiende de distancia, sí de ausencia. De ganas, de no poder
mis labios saben tu nombre, aún sin besos.
Mi cordura acaba donde la vida pone las trabas
eco de mañana que me gustaría fuese hoy, ansia de saberte.

Tiempo raro que corre y se detiene
incalculable en paso. Caricias frustradas que se escapan de las manos
como queriendo atravesar el aire, atravesarte sin piel, sin cuerdas ancladas al suelo
océano profundo en el que ahogarse. En el que ahondar.

Refugio al otro lado eres, cobijo de lo que queda de mí.


Lo real.


Hay una chispa que tiene lo real
que se apaga cuando no crees que sea cierto.
Cuando miedo corrompe el alma
se traga la alegría y sólo deja decepción entre los dientes.
Saliva quieta que no habla al que no escucha.

Cansada voz en mi vacío afónica
de conversar silencios muertos soliloquios sin respuesta, lejanía.
Todo lo que soy, de nada sirven trincheras, barreras o jaulas.

Palabra que miente no es palabra
mi cara lavada, limpia, dice siempre más de lo que diría mi boca.
Y los ojos hay veces me traicionan.


Barro oscuro.


Sigo en la Luna esperando
que venga el Sol y le dé brillo al polvo gris
que habita en mí desde siempre, aún ternura, memoria de lo que puede pasar.

Antes aquí nunca llovía desidia, refugio seco en la humedad del día a día
guarida abierta en la que nadie entró, cráter profundo, silencio.

Barro oscuro ahora las gotas modelan el tiempo que se quebró
fuera del reloj, ingrávido como niebla suspendida
como viento que sopla y arrastra.


No está dentro.


Muerto como sin mañana
me ha despertado el día.
Afuera la misma lluvia en mis pestañas.
El Sol que hoy no ha salido apuñala mis ganas y mis sienes.
No lato vida, mi corazón no ha palpitado
no está dentro.
Lejos, ya no es mío.


Sólo puedes correr.


Procuro pensar en el presente
como si todavía me quedase mucho futuro.
El pasado ya estaba pensado y no garantizó nada.
Nadie sabe cómo puede acabar, final o comienzo
no hay uno sin el otro.
Vida corta para alcanzar lo que quieres, sólo puedes correr
lo que no luchas escapa.



Intangible.


Pernoctar en ti
en tu imagen distante
en tu voz calor que no toca
en esos ojos que miran suelo, esconden
lo que no quieren sentir.


Nieve que se derrite.


Dicen que ya es primavera
pero yo tengo el frío conmigo.
Hasta que al final él sea yo.
Y no habrá Sol que me libere
de mi propia cárcel, del hielo.
Ni calor en mis manos para nadie
gelidez aislada, eremita perdida
en mi soledad escarcha lo que un día fueron lágrimas.
Nieve que se derrite a cada paso.


Cosas por hacer.


Las cosas por hacer me ganarán pronto.
Mi mente ausente de mí
el corazón en la garganta y en la boca palabras tristes que no digo.
Mi mirada en el mañana
hoy tedio hoy frío y piel rota recosida otra vez
como sueños que despiertan noche.
Amaneceres de plomo denso
siempre tarde
hueca.


Olor a no pisar el suelo.


Necesito salir corriendo
y sé que aún no puedo.
Necesito respirar noche profunda
sola y libre
tintineo de mi movimiento.
Calle silencio que todo escucha
pero duerme y tarda en despertar
ciega en la oscuridad
mis ojos son de gata
y cuando quiero no hago ruido.


Pensar lejos.


Ahora que ya sólo puedo pensar lejos
el aquí va perdiendo su sentido.
Cuerdas muertas que he roto
me siguen agarrando del tobillo
grilletes de dolor sin cura
de sangre que no deja fluir.
Barrotes de egoísmo disfrazado
de hipocresía y miedo
que asfixian aliento y me quitan futuro.

Me iré un día donde sólo puedo pensar ahora.
Donde ser yo tenga sentido
las cuerdas rotas no lleguen a agarrarme sangre.
Y el dolor acabe barrotes y miedo.

Allá donde pueda respirar.


Del tiempo pasado.


Mis pasos no me llevarán donde quiero
para eso tendría que volver a volar.

Buscar mis alas rotas tras las caídas
que guardé
no sé cuándo ni dónde, ni si siguen con vida.

Si soportarán el peso
de los errores que he aprendido
del tiempo pasado encerradas
yaciendo letargo al fondo de mis pupilas.

En la punta de los dedos y el límite de mi boca.


Un mes de lluvia.


Hoy me he despertado hecha piezas
que no sabía reconstruir.

Pérdida entre las mantas del invierno
entre razones que la razón no entiende y el alma sabe.

Las que faltan se las llevó el Sol
con el mediodía, afuera de domingo.
De suelo mojado, húmedo, calado en charco.
Viento frío marzo, que clava y mata mi mirada.


Mi propio hoyo.


Me colma el tedio
de esta piel vacía
del tiempo muerto en pensamientos
del debería sin hacer.

Soy mi propio hoyo, lo sé.
Desesperanza en miradas de soslayo
agonía que se quiebra en un instante.

También, que puedo recoserme las ganas
y que con una verdad soy capaz de volver a existir.




Extraña.


Lejanía extraña mis manos
mis pestañas cansadas de noches
mis párpados a medio cerrar, difusos de entorno.
En mis labios, nada.
Palabras cortas cuando no queda qué decir.
Silencio, porque hablan los actos
porque la palabra que no trasciende que no transmuta
no lo es.



Día sombra.



Siento crepitar la lluvia contra los tejados
como estalla y cruje en mi
la ausencia gris y taciturna de este día sombra.

Mi sangre pálida, sin fuerza
mira al suelo mojado y se sumerge en el asfalto
en la oscuridad y la dureza de las horas.


Las cinco.


Unos gatos pelean a las cinco de la madrugada
los oigo porque sigo despierta.
En mi mente ideas pelean igual
se arañan y enseñan los dientes.
Yo sé que ya no hay retorno
como caminar hacia atrás sólo es intentar huir.

Si me escapo será a un futuro
en el que no duelan los inviernos
y la lluvia no cale tristeza
las mañanas sean calor puro, besos y olor a café.


Lluvia en los talones.


Tengo el corazón hecho de puntas de estrellas
muertas que rasgan y hieren.

Lunas en los ojos, que no brillan sin el Sol
nubes negras que persiguen mis sueños
y lluvia en los talones.

En mi mente siempre tormentas al despertar
y en las manos, sólo aire.


Preso de realidad.


No queda aire en esta habitación
sólo humo y jazz.

Una noche callada de luz tenue
suave, débil, insomne como tantas
que acaban siendo iguales.

El sueño se me escapa, preso de realidad
muerto en vida, en su sentido.


El vuelo.


Secuestrar el vuelo
que me separa de tu piel
de tus labios, hablándome.

Quedarme a vivir
en la manera en que me miras.

Sentirte, despeinado
sin tiempo, sin nada.
Besos de tu boca
de esa sonrisa presa
de tus manos
recorriendo la distancia
por mi.


Colaboración en La Fanzine #12.


Os dejo el enlace a mi colaboración en La Fanzine, esta vez versa sobre el Cine.

https://lafanzine.blogspot.com.es/2018/02/la-dulce-patricia-maestro.html

Disfruten de todas las colaboraciones, hay bastantes para pasar un buen rato leyendo.


Llévatelos.


La luz amarilla de la tarde
habla de tú a tú a mis párpados cerrados.
Le suelto mis lastres
llévatelos.
Déjame sólo tu calor débil
sol de tarde invierno.
Déjame
recordar sólo eso
mañana, cuando ya sea hoy
cuando me haya levantado, fría y sin alma en los ojos
en las manos, tristes
en mi boca
muerta.



Como si no existiera.


Desayuno soledad a mediodía
buscando al Sol
como quien busca calor y ganas.
Me marcho a través del cristal
como si no existiera
etérea.

Abandono
de esta rutina del tedio.


Flashback.


La película
censurada
cada día es más muda
cada vez más gris.


Otro viento seca mis llagas.


Se me hace corto el viaje
la huida al nadie libre.
Pasos solos y canciones en bucle
rompiendo en el alma
sacándome inercia del tedio.

Exhalo y miro arriba
soy yo y nueva.


Leve.


Brillo húmedo
en la mirada
llena de nada y niebla
de astillas partidas.

Extinta de luz, ya sólo es aire
un roce leve
que se funde con el frío
como si le perteneciera.



Blanco plomo.


Destemplada la vida
en mi piel se eriza.
Quietud fría de cielo blanco
de tarde hueca
en silencio se me adentra
y me rompe la mirada, trizas de mí
que se acaban perdiendo.



Café de invierno.



No hay día, noche.
Sólo el transcurrir
de una hora a otra.
Esperando el mañana
muerto en el primer café.
Queda el hoy, disuelto, con mucho azúcar.
Inapetente, inane de besos.

Queda invierno.





Fuera.



Tengo una casa varada en el tiempo
dentro, una gata dueña del vacío y del polvo
de recuerdos yermos
huidas programadas.

Gata sola, dentro.
Yo, fuera. También me he ido.
Me escapé por la ventana, por los tejados
de aquel pasado, tiempo varado en el tiempo.

Olvido es el futuro.
Lo sé porque no duele.



Quejas y reclamaciones.



Se me queja la piel
me chilla y sé que llora
cuando nadie la escucha
falta de tacto, de otro.
Al despertar
entre las sábanas, suave, se roza
y sin que nadie la vea
sueña, que el calor no es el suyo.




Esta tarde.



Sólo quiero ser pasos
uno tras otro, lejos.
Caminar por caminar.
Sin destino, como mi vida.
Sin pensar más
que en el aire frío
que vuela en mi pelo.

No quiero volver a casa
encerrarme, morir.
Morir en días idénticos
en verdades dichas a medias
en la opacidad de la mañana
y las noches sin final.


En blanco.


Días blancos.
Vacíos.
Vacíos de tacto.
De miradas a los ojos
que intentan esconder
el dolor del alma
retorcida en un rincón de sí misma.
Niña herida.
Vacío
inocencia que no aprende.
Rutina oscura. Bucle. Tedio.
La ilusión murió cegada.
Como la niña que se retuerce en mi alma
ciega, nunca ve qué le daña.




Una isla siempre es sola.


Vivo en una isla
rodeada de aceras vacías.
De recuerdos rotos.
De futuro incierto.

Muda, converso en silencio.
Y mis palabras huyen con el viento
libre.
Las horas no existen, no importan.
No hay un sentido.

Sólo tiempo autómata
repitiéndose.
Letanía lúgubre.
Ausencia de mí.